sujeto / sujetite

El sujetite

Soy mi cédula, mi cumpleaños y mis regalos, mi comedia de los jueves, mi botellita de agua, mi vida, mi hijo, mis series, mi novia, mi carrera yo, yo, yo, yo soy la autora, yo soy el artista, yo soy la doctor si yo soy yo, yo soy el mundo ideal, yo soy mi cuerpo y nadie mas que yo. Soy tan yo que cuando quiero tirarme un pedo no me importa que lo huelas porque no es problema mio lo que tu sentís. Lo más importante es estar bien conmigo misme para poder estar bien con les demas, estoy mal. Yo hago lo que tengo ganas. Soy libre, sigo mis deseos, no dependo de nadie, sigo mi propio camino yo elijo. Reconoceme, alagame, necesitame, mencioname, deseame, dame todos los premios que soy le mejor. Soy mas que tú y que tú tú tú, escucha lo que pienso ingenua ignorante. 

A ti, a ti sujeto, sujetite individualista que estas en todas partes te vamos a volar en mil pedazos, sujeto. Por más que corras cobarde detrás de tus logros, tus apellidos, tus series, tu tarjeta de crédito y posesiones materiales te vamos a agarrar, te vamos a licuar con los sudores sin rostros. Vamos a entrar en tu casa, usar toda tu ropa interior, tomarte tu yogourt para tránsito lento, desconectarte el cable y el wifi, quemar el certificado de tu última ponencia, usar todo tu perfume importado, modificar las fotos de tus vacaciones en Punta Cana, quitar todos lo espejos, linde. Vamos a deshidratarte, porque no vas a poder saciar tu sed de competencia y reconocimiento.

Paren, chiques, me destruyeron, y ahora ¿qué hacemos conmigo?, ¿cómo hago para vivir contigo? Me siento rare, no quiero más vivir en un mundo donde solo existan mis olores, quiero olerte aunque huelas mal. Deseo desde las vísceras modificar las células que nos encierran dentro de nosotras mismas, quiero hacer contigo, para sentirnos sintiéndonos. No se que me pasa te necesito.

El sujeto  

En este proceso de asumir que enactuamos, co-creamos nuestra experiencia,  se nos hace necesario revisar todas las ideas que nos determinan y constituyen. Los modos en que vivimos no son ingenuos a las clasificación, categorías, juicios, creencias a las que nos vemos adscriptas. La manera en que nos nombramos y nos nombran participa, evidentemente y a veces silenciosamente, en todas las experiencias de nuestras vidas.

Profundizando en la pregunta por la conciencia y la experiencia, se nos aparece la necesidad de detenernos en observar y percibir como explicamos, nombramos y por lo tanto experimentamos nuestra relación con lo que llamamos entorno, mundo o realidad exterior. Nos resulta inquietante esta pausa ya que la manera en que concebimos esta relación implica una definición de los somos y con ella una manera ética, política, afectiva, por lo tanto experiencial, de vivir la vida.

Lo que podemos decir, luego de investigar en nuestras prácticas en movimiento (que ya sabemos que implican ideas) y observarnos en nuestras cotidianidades. Es que aún somos algo separado del mundo, de lo que está ahí afuera, aun mantenemos un límite claro entre el mundo y nosotras. Somos aún aquellas a las que el mundo se nos presenta para agarrarlo, mirarlo, tocarlo, olerlo, comerlo, intervenirlo y consumirlo, desafortunadamente aún nosotras estamos en el mundo, no somos el mundo. Aun somo ese sujeto  tan bien definido y explicado en la modernidad capitalista y liberal. Al detenernos en esta idea de sujeto y todas sus implicancias, descubrimos que más que diluirse con el pasar del tiempo, se está haciendo cada vez más fuerte. Somos individuos autónomos, libres, e independientes unos de los otros. Las formas y ordenamientos de la vida material están operando a favor de este sujeto, nuestros sistemas de vida, ideas, emociones, deseos, acciones, están diseñadas para reproducir esta manera de percibirnos, la cual es rentable para un capitalismo que nos quiere cada vez más individualistas, separados, temerosos, respetuosos, institucionalizados y obedientes.  

Esta idea de “yo por un lado y el mundo por otro”, es la misma que las distinciones “sujeto y objeto” que se han creado, y de las diversas maneras de entender y explicar su interrelación. En nuestra cotidianidad, a veces siquiera sin saberlo, nos asumimos bajo el dualismo sujeto – objeto, somos una cosa distinta y separada del lo que está ahí afuera, no somos parte, no es un continuo donde las divisiones son recortes, posibles y creados, de una continuidad.

Podemos, sin mucho esfuerzo, rastrear la construcción de estas ideas y categorías, en la filosofía de la modernidad  y como ejemplo de esto revisar la prueba que da el filósofo alemán Immanuel Kant respecto a la existencia del mundo externo, nos aporta a entender el proceso por el cual hoy llegamos a concebirnos sujetos separados del resto y del mundo.

El idealismo trascendental de Kant  propone que para que el conocimiento acontezca debe asumirse el dualismo objeto, sujeto. Por un lado lo que se conoce, que es externo al sujeto, los objetos en el mundo, y por otro lado el sujeto que conoce, yo. Esta propuesta del sujeto y su relación con el objeto que evidencia la prueba del mundo exterior de Kant, podría entenderse como la base sobre la cual se han elaborado relevantes teorías contemporáneas del conocimiento. “La mera conciencia, aunque empíricamente determinada, de mi propia existencia demuestra la existencia de objetos en el espacio fuera de mí” Kant, (2005) pág,187. Kant entiende que el no tener pruebas racionales  de la existencia del mundo exterior constituye un escándalo para la filosofía y para la razón humana. Ante esto en la segunda edición de la Crítica,  aportar las pruebas de la existencia de una realidad por fuera del sujeto, en esta prueba queda en evidencia esta concepción dualista de sujeto y objeto. Plantea que la conciencia, entendida como flujo de representaciones y empíricamente determinada, implica la existencia de los objetos en el espacio fuera del sujeto.  La experiencia interna que tenemos, nuestros pensamientos, implican experiencias temporalmente sucesivas, es determinada a partir de dar cuenta de que hay algo permanente fuera del sujeto. La existencia de objetos externos es condición para probar los contenidos mentales, al no poder negar la temporalidad de la conciencia propia. Esta es la prueba que ofrece  Kant para dar cuenta de la existencia de un mundo exterior al sujeto. “… Es decir, tengo una certeza tan segura de que existen fuera de mí cosas que se relacionan con mi sentido como de que yo mismo existo como determinado por el tiempo” Kant, (2005), pág, 24.

Esta manera de entendernos nos invita a pensarnos distanciados de los otros y lo otros. Pero  nosotras queremos asumirnos siendo con el mundo, nuestra experiencia es una cocreación. Nombrarnos, anunciarnos y entendernos así tiene implicancias éticas y políticas. Queremos dinamitar el sujeto y su ilusión de autonomía, somos el mundo, somos los objetos y su sentido, somos las personas y sus emociones, somo cada vez todo. Y por lo tanto mi vida no es solamente mi vida, es también la vida de las demás personas.