el pensamiento

El pensamiento

(encarnando lo desencarnado)

Profundizando en la pregunta por la experiencia aparece la necesidad de detenernos en las diversas variables que la constituyen y determinan. Una de las que más nos ha inquietado se relaciona con las modos de explicarla y nombrarla. El modo en cómo nos pensamos conlleva una propuesta ética, política, afectiva y por lo tanto experiencial, de hacer con las otras, otres, otros y lo otro. La manera en que vivimos no es ingenua a las ideas, conceptos, clasificaciones, categorías, juicios, valoraciones y creencias que nos habitan, la formas en que nos nombramos y nos nombran participan, evidentemente y a veces silenciosamente, en todas las experiencias de nuestras vidas.

Asumiendo que lo mental es constitutivo de la experiencia y que la forma más habitual de presentarse en nuesrras comunidades es el pensamiento racional, nos propusimos investigar sus condicionantes e implicancias. Este nivel de la experiencia, ha sido el más atendido y estimulado, nombramos y explicamos todo. El resultado de esto es que nuestra experiencia está extremadamente determinada por lo que pensamos y por cómo lo pensamos. El pensamiento es la instancia en que nombramos, con palabras o imagenes, constituyéndonos y determinándonos, son las historias que nos relatamos siempre en un presente, son los cuentos que nos hacemos los cuales compartimos por tener un lenguaje y un mundo común entre otras cosas. Es una habilidad que nos permite sobrevivir al poder organizar lo que se nos presenta, reaccionando acorde a las implicancias de esto en nuestro sistema de categorías y valores. No estamos queriendo cuestionar la increíble posibilidad de pensar, lo que cuestionamos es cómo y qué, y la repercusión de esta en nuestras vidas. En la cultura a la que pertenecemos las experiencias mentales están entrenadas sistemáticamente para ser pensamiento analítico, mecanicista, verdadero, ordenado, y claro. Pensamos en categorías y clases separadas, cargadas de valores incuestionables, intentamos explicar todo dentro de las coordenadas de la causa y sus efectos, introduciendo relaciones causales a todas nuestras conductas. Necesitamos estabilizar sistemas para poder predecir y controlar todo, sin detenernos en las consecuencias que puede traernos estabilizar sistemas esencialmente inestables como es la experiencia o la conducta humana. Pensamos el tiempo de manera lineal, asumimos un pasado único, y habitamos un presente siempre proyectando un futuro predecible y garantizable, el cual solo llegará si logramos controlar todas las variables que anteriormente creamos. Hoy creemos, a partir de detenernos a observar cómo vivimos juntas y juntos, que esta manera de pensar no es condición suficiente para crear comunidades de organismos solidarios, empáticos, dinámicos y diversos. No nos alcanza con pensar dentro del sistema habitual y otorgarle el lugar que le damos a este en nuestra experiencia, no se trata solo de esto, debemos atender y afectar otros niveles de nuestra vidas. Somos hijas de esta sociedad occidental, cuya religión es la academia, cuyo dios es la razón y su libro sagrado, el diccionario.

La manera habitual en que explicamos nuestra experiencia implica, entre otros, dos dualismos radicales y determinantes, el primero es aquel que separa nuestro pensamiento de nuestro cuerpo, el cual sigue teniendo consecuencias severas en nuestras vidas en términos éticos, afectivos y políticos. El segundo es concebirnos como sujetos separados del mundo, de lo que está ahí afuera, mantenemos un límite claro entre el mundo y nosotras. Este se nos presenta para agarrarlo, mirarlo, tocarlo, olerlo, comerlo, intervenirlo, consumirlo, transformarlo y destruirlo. Somos ese sujeto tan bien establecido por la modernidad capitalista y liberal, individuos autónomos e independientes unos de los otros. Nuestra experiencia; ideas, emociones, deseos, acciones, células, están entrenadas (y cada vez mas diseñadas) para reproducir esta manera de percibirnos, la cual es rentable para un sistema que nos quiere cada vez más individualistas, temerosas, sumisos, egoístas, institucionalizades y obedientes.